Nunca me imaginé quemarlo todo, no de esa manera, no de esta
tristeza, no de esa melancolía, No con esa energía tan fría y consumidora, tan
ardiente y misericordiosa, nunca imaginé decir adiós con fuego, con ese acto
tan excelso que sólo algunos recuerdos alcanzan a concebir, del fuego sólo
algunos son dignos. Arde, el fuego arde e invade de la misma manera que lo hace
el dolor. Seamos plenos, en el fuego somos plenos, en el olvido, en el rencor y
en el perdón, bien sentidos ambos, sin chantaje ni condición, solo el olvido
para salvación. Lo quemamos todo, luego olvidamos y somos mejores que el día
anterior.
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